domingo, 15 de marzo de 2015

Juro con sangre que aún te quiero


Cuando menstruo, no solo me desangro hacia afuera. Una hemorragia, cerca de la costilla que un día estuvo enferma, se me desagua y no sé qué hacer con tanta emoción que sale de ahí hacia afuera. Es como disiparse, volatilizarse hacia algún lugar en el techo, próximo a las copas de los árboles; un fueguito de amor, de rabia, de frustraciones, de penas.

Cuando ovulo, sigues siendo tú el huevo no nacido que expulsa mis entrañas. Vuelvo a llorar por tu muerte, porque te me vas entre las piernas, porque no he conseguido hacer de ti una vida palpitante, un futuro amarillo y dirigido. Unas fotos oxidadas algún día.

Menstruando, alguna vez, me hice un pequeño ovillo junto a tu chaqueta de lana. Insoportable y llorosa, pero feliz, al cabo, porque tú estabas cerca. Cuando ovulaba, entonces, me dolía ver nuestro amor hecho jirones, la imposibilidad de darle un futuro amarillo y dirigido. Unas fotos oxidadas algún día.

Hoy, lejos de tu chaqueta de lana –la de los botones en los hombros- me duelo en tu costilla herida, que lastima en amarillo y es el único recuerdo oxidado que conservaré algún día.

Te me desangras, amor.

No nacido sales, de nuevo, de mis entrañas.

Vuelvo a llorar por tu muerte.

Porque te me vas entre las piernas.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario