jueves, 11 de febrero de 2016

Mujer dentro de abrigo negro


La travesía, enero, el sobretodo demasiado grande. Relájate, le explican. Por favor, le expresan. Y a ella que le tiritan las piernas, que no le cumplen, que le tiembla el ser dentro del abrigo negro, que las manos no son capaces con la fría barra de metal. Que ella no lo exigió, que es el tiempo, la existencia; que es una puñeta descubrirse mayor. Que desearía las piernas firmes, los muslos tersos, que pediría el trotecillo de gato zascandil que yo acarreo cuando la rebaso. Y se me abate el alma. Próxima a sus ruedecillas.

Ella que desfilaba para subirse al ocho, que ha hecho membrillo y ha segado. Que ha abierto las propias piernas que ahora no la sustentan para parir. Con fiereza. Concediendo con vida más vida.

Que no puede, me comento. Que va en oblicuo. Que me ahogan las lágrimas, que se me atraganta la joven que la escolta y sus cuchicheos. Por favor, le dice. Que no puede, que no llega, que no le arrojes tu propia lástima por arriba de su cabecita, por encima de ese abrigo negro que es un saco que incapacitaría más, si cupiera.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario